el maquiavélico mini-hombre
El Graduado
Te voy a decir una palabra: PLÁSTICOS

Sinopsis
La película nos cuenta la vida de Ben, un nerdi de familia de rancio abolengo que vuelve a casa justo tras graduarse en una prestigiosa universidad estadounidense. El chaval llega con su título, su cara de empanao y más perdido que el barco del arroz.
Y entonces aparece la señora Robinson, una señora de esas que no seducen: te hacen una OPA hostil sobre la voluntad. Una vieja gloria con más peligro que un mono con 2 pistolas, que decide convertir al protagonista en su proyecto de verano. A partir de ahí, Ben pasa de recién graduado confundido a juguete roto con carnet joven.
Opinión
Esta película es como la primera paja: al principio no entiendes muy bien qué está pasando, pero cuando acaba te quedas mirando al techo replanteándote tu sitio en el universo.
Lo curioso de “El graduado” es que empieza como una peli muy fina, muy contenida, muy de “vamos a hablar de la alienación juvenil en la América burguesa”, y luego, más o menos en el Ecuador del metraje, empeiza a desfasar muy basto. Lo que parecía una historia cuidadosamente construida se convierte en un mal viaje de setas, pero con corbata, piscina y líos de mantas de por medio.
Además, la peli va básicamente de la bajada a los infiernos de un trol bastante cumstadístico . Es unsettling, como dirían los americhangos, que tienen una palabra elegante para todo porque decir “esto da mal rollo, picha” les debe parecer poco académico.
Paso ahora con los puntos positivos, porque tampoco vamos a venir aquí solo a escupir bilis, aunque ganas no faltan.
Las actuaciones
Ben está interpretado por Dustin Hoffman, que aquí tiene una cara constante de “me han metido en la vida adulta sin tutorial”. Se podría decir que es un Al Pacino de Hacendado, pero sería injusto, porque el tío se la saca. Tiene ese aire de hombre pequeño, nervioso, incómodo, con pinta de que le pides fuego y te responde con una crisis existencial.
La señora Robinson, por otra parte, está incluso mejor. Es puro veneno con un lingotazo en la mano. No necesita gritar ni hacer aspavientos: le basta con mirar para llegar al fondo de alma. Vaya mujerón, pillo vaginesil.
Y no digo más porque entramos en terreno spoiler, y tampoco es plan de reventarle la peli a los tres lectores con alma que queden en este vertedero digital.
Apunte: aunque en la película parece que Ben y la señora Robinson tienen una gran diferencia de edad, los actores sólo se llevan 7 años en la vida real. La magia del cine, supongo.
La fotografía
La fotografía es cojonuda. En general la peli tiene una imagen muy cuidada, pero los planos en la casa de la señora Robinson son directamente historia del cine. No hace falta decir nada más
La música
La banda sonora se compone únicamente por canciones de Simon & Garfunkel. La película abre con The Sound of Silence, y ya desde ahí sabes que esto va en serio.
Durante toda la peli suenan temazos, aunque en la segunda mitad se empiezan a repetir más que un chorizo de compango. Llega un punto en el que parece que Simon & Garfunkel están escondidos detrás de un seto esperando a que Ben haga cualquier tontería para meterle otra guitarra acústica.
Eso sí, por culpa de esta película me ha dado el venazo de meterme en la música de esta gente y madre mía. Paul Simon es un genio, pero lo que Dios le dio de talento se lo quitó de altura. Mide 10 centímetros menos que yo, lo cual implica que un Umpa Lumpa le funde al baloncesto.
La historia
Aquí estoy sesgado, porque me siento bastante identificado con el protagonista, al menos al principio de la película. No en lo de liarme con señoras Robinson, sino en esa sensación de terminar una etapa y no tener ni puñetera idea de qué hacer con tu vida.
Los problemas vitales de Ben están muy bien planteados: la incertidumbre, la presión social, el encajar en una vida que otros ya han diseñado por ti, el miedo a acabar siendo una pieza más del mueble familiar. La película trata todo eso con una lucidez bastante bestia. No te lo explica como si fueras tonto, aunque a veces el espectador medio lo merezca, sino que te lo deja ahí, flotando, como el olor a fritanga después de una feria.
La trama, además, es muy creativa. Rarísima, pero creativa. No he visto muchas películas parecidas. Empieza como drama generacional, se transforma en comedia incómoda, luego en romance tóxico, luego en persecución obsesiva y acaba en un final que parece escrito por alguien que llevaba tres cafés, dos divorcios y una deuda moral con la vida.
A día de hoy esta película estaría completamente funada, triturada y servida en stories de Instagram por pachamamicos y feministas por igual. Y aun así, precisamente por eso, tiene más interés. Porque es incómoda, contradictoria y extraña. Como la vida adulta, pero con mejor fotografía y música.
Conclusión
Aunque le haya comido bastante la polla, “El Graduado” no es perfecta, ni de coña. Pero tiene algo. Tiene aura. Tiene veneno. Tiene esa clase de películas que terminas y no sabes si te ha gustado mucho o si te ha dejado secuelas.
Justo al acabar pensé en ponerle un 7 o un 7,5, pero después de dejarla a barbecho, me ha acabado gustando mucho. No es solo una película sobre un chaval perdido. Es una película sobre ese momento horrible en el que te das cuenta de que la vida adulta no viene con instrucciones, que tus padres no tienen ni idea, que la sociedad te quiere colocar en una cinta transportadora y que tú, mientras tanto, solo quieres que alguien te diga qué cojones hacer.
Y eso, cumstateros, eso vale bastante.
Nota: 8.15/10





