No he visto mejor película sobre la amistad y la esperanza. Una película conmovedora que te muestra lo peor y lo mejor de la naturaleza humana, y de cómo de difícil es para un hombre recuperar la humanidad, en contraste con lo fácil que es que la pierda. La película muestra como sobreviven la esperanza, la cordura y la amistad en la cárcel, y como hay quienes se redimen de sus actos.
Kingsman es lo único bueno que ha salido del cine británico tras James Bond. Aunque con una trama simplona, es una gran sátira a las películas de acción y espías que tiene escenas absolutamente brutales y entretenidas que la hacen muy amena de ver. Sin duda un deleite para quien disfruta de chistes verdes y los desmembramientos.
Una película entretenida y graciosa, con un final apoteósico que es de los pocos que te deja viendo los créditos finales y con imágenes hilarantes de tíos metiéndole el pito a un tigre.
La trama no es demasiado complicada, pero la película cumple con ser descarada e ideal para echar un rato con los colegas de risas.
Una película que te toca la fibra sensible y te hace ver de los horrores de la guerra, el odio y el genocidio, pero que también te enseña de como el amor y algo de suerte logran sobrevivir a veces incluso en los entornos más hinospitos.
Unos personajes carismáticos y resilientes, que se desviven por la felicidad de sus seres queridos en el seno de la Italia fascista.
A instancias de cusa menciono también la música, que me ha parecido maravillosa, pero es algo repetitiva por ser siempre la misma estrofa del tema principal. Aunque, eso sí, el timbre varía en función de la situación, inspirando alegría al principio, desespero en el nudo, luego tristeza y finalmente alegría con algo de amargura.
El árbol de la ciencia es, para mí, un libro algo peculiar. El relato trascurre lentamente, aunque realmente abarque unos quince años de la vida de Andrés Hurtado, el protagonista.
De las cosas que más me han impresionado de este libro y de la manera de escribir que tiene el autor, podría nombrar dos: Por una parte, los párrafos son a menudo muy escuetos, pero la narración se siente fluida y ágil, muy fácil de leer. Por otra, y esta en específico creo que es la que hace brillar a esta novela frente a otras de la misma calaña, son los personajes secundarios. El autor describe de una manera que roza lo burlesco, copiosamente aunque no tengan más de dos líneas de diálogo, a cualquiera de las personas que aparecen en el libro. Estas descripciones le aportan una vida y un interés muy ricos a la historia. Personajes como el del propio Andrés Hurtado o Lulú están excepcionalmente bien escritos en su complejidad.
Ahora bien, el libro, a mi parecer, también flaquea en algunos aspectos. Se narra la vida del protagonista, como digo de una manera muy detallada que te hace conectar con él, pero realmente poco pasa en su vida que merezca ser narrado. La historia, en bastantes ocasiones, parece que se mueve poco o nada en absoluto; y cuando lo hace, nos damos cuenta de que la trama no merecía la espera. Esto no es especialmente problemático en este caso, pues lo compensa con lo que he mencionado arriba, pero sí hace que la lectura se sienta aburrida.
La historia se divide en dos partes principales, divididas por un interludio filosófico entre Andrés y su tío Iturrioz, donde analizan la manera de pensar del joven. Esta parte, aun densa y pesada, me ha gustado mucho. La primera es bastante buena, pero algo lenta. La segunda es más densa en acontecimientos, y se hace más liviana.
Si Pío Baroja le hubiera dado este libro a C para que lo corrigiera, este le hubiera dicho que pasara la tijera.
En general, me ha gustado la manera en la que el personaje de Andrés evoluciona, y me parece realmente excelente la manera en la que se cuenta. Bien es cierto que hubiera agradecido un poco más de trama y menos rodeos, pero al final tengo que darle mis respetos a don Pío Baroja.
Apunte de C
A ver U, no puedo rebatir nada porque el libro me lo leí hace 3 años, pero yo podría como un punto a favor de Pío Baroja que una vida anodina se haga entretenida de leer
Sobre el comentario de la tijera: no sé U, a mí no se me hizo pesado el libro, o mejor dicho recuerdo que se me haya hecho pesado. También hay que tener en cuenta en 1911 aún no se había inventado el déficit de atención