Facto diario número 92.
La nicotina, tan popular entre algunos, es en realidad el mecanismo de defensa de la planta de tabaco. Es un alcaloide tóxico que se produce en las raíces y se transporta a las hojas para protegerse de herbívoros, como insectos y mamíferos.

En los insectos, su principal objetivo, la nicotina es altamente letal. Funciona como un insecticida natural al interferir en su sistema nervioso: se une a los receptores nicotínicos en las sinapsis, provocando parálisis y, finalmente, la muerte. Por esta razón, muchos pesticidas modernos están basados en compuestos similares o derivados de la nicotina.
En animales más grandes, su efecto no suele ser letal, ya que el sistema nervioso de los mamíferos es menos susceptible. Ligado a la supervivencia de este efecto llega otro, y es que la activación de los receptores nicotínicos en el cerebro desencadena la liberación de dopamina, generando efectos estimulantes. En humanos, esta liberación de dopamina es lo que produce placer y, a largo plazo, adicción.
Sin embargo, en dosis suficientemente altas, como todo realmente, puede matarte.
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