Antecedentes
Os pongo en situación, cumstateros.
Un colega del instituto, al que a partir de ahora llamaremos Chulin, se fue a Holanda a estudiar. La última noticia que yo tenía de él era que se había vuelto a España en plan año sabático.
Total, que en Navidades el Pedro me suelta que Chulin estaba de nuevo en Holanda, así que retomé contacto con él. Entre una cosa y otra, acabamos cuadrando que este finde me iba a pasar a visitarlo: sábado 21 de marzo por la tarde hasta el domingo, quedándome a dormir en su casa.

Lo bueno es que el trayecto es muy corto: una hora y veinte en tren desde Mönchengladbach a Eindhoven.
Lo malo es que la planificación, dio mucho que desear. Yo le pregunté al Chat qué coño se podía hacer en Eindhoven, pero la verdad, no me convenció una mierda de lo que me dijo. Y creedme cuando os digo que este detalle luego va a tener su aquel, porque aquí empieza a mascarse la tragedia.
Día 1
Llegada y cena
Bueno, el caso es que llego a Eindhoven sobre las seis y media de la tarde y allí estaba el Chulin esperándome, como un padre recogiendo a su hijo en la salida del CEIP Salvador Vinuesa.

Vamos a cenar al restaurante de Hot Pot de Eindhoven. Porque digo yo, coño, si alguien sabrá manejarse en este sitio será Chulin, que es chino, así yo sólo me tengo que preocupar de comer.
Total, que empezamos a pedir platos y se nos fue la mano. Empezamos a pedir cosas a tocomocho: que si carne por aquí, que si flor de loto por allá, que si kimchi también, que si venga otra ronda de bebida. Resultado: 45 pavos por barba, brutal. Pero una cosa te digo: como los dos curramos, pues nos lo pudimos permitir sin tener que pasar por la tienda de Rick de Empeños a lo Bestia. La gula nos poseyó, no hay más vuelta de hoja.
Durante la cena, Chulin me contó que hizo un año sabático en España, currando en uno de los restaurantes de su familia (tiene 3, Saboriental, Tokio (creo que es este) y La Casita de Xu). Pero ya está de vuelta en Holanda, estudiando en la universidad de Eindhoven, y me dijo que se había matriculado en un curso de “Urbanismo, Sostenibilidad y Energía" o algo así, la verdad es que mi cara era un poema, qué mierdas es eso??? A él tampoco le veía muy convencido, yo que sé. Y de sidejob estaba en el almacén del IKEA, que al parecer estaba bien.
En mitad de la cena, entre bocado y bocado, me suelta el Chulin así, full nonchalant, que si después quería fumar un porro de marihuana. Y yo ahí me quedé un momento pensando, maquiavelismo a tope. Al final llegué a la conclusión de que si no me lo fumaba con Don Chulin en ese momento, probablemente no lo probaría en la vida. Además, ni la maría es tan peligrosa ni tengo yo opciones fáciles de adquirirla por mi cuenta, así que pensé: bueno, Viva la Pepa, una vez y a correr.
Así que después de la comilona nos fuimos para su casa. Y oye, la casa estaba muy bien. Una de estas casas unifamiliares típicas de Holanda, con su jardincito y sus cositas, muy apañada, para gente no reventada de la vida. La compartía con otros 3 estudiantes y pagaba 400 euros al mes, que me parece tirado de precio, ahí lavan dinero negro seguro. Vamos, que por ese precio en normalmente te alquilan una caja de zapatos con humedad y un chamán tocando la flauta dulce.

Y ya allí fue cuando sacamos lo que no hace daño, la droga, los porros. Aunque, como me corrigió amablemente Mr. Chulin, aquello no eran “porros” así en genérico, sino “verdes”, porque llevaban solo maría. Todo natural.
Mi experiencia con la María
La verdad, yo pensaba que la cosa iba a ser bastante más duro, en plan viaje astral, contacto con el más allá o verme discutiendo con una farola cual es el mejor método de autenticación de Cl@ve. Pero qué va. Realmente no sentí tantísimo. A ver, me notaba raro, sí, pero nada de decir: “buah, chaval, he salido del videojuego”. Ni mucho menos.
Al fumar, lo que más loco me pasó fue que tosía como una Mobylette arrancando en cuesta. También es verdad que fumar maría así, sin filtro ni hostias, a cara de perro, entra duro, duro de cojones. Y ojo, que no fui yo solo: el Chulín también tosió lo suyo, o sea que no era una carencia técnica exclusiva mía, así que por esa parte estaba más tranquilo.
Ya una vez asentado el tema en el cuerpo, sinceramente, me notaba distinto, pero poco más. Era más bien una alteración suave, en plan que el mundo iba con otro ritmo, pero tú seguías siendo tú y no una versión menos sexy del Mickie Mouse empírico.
Rollo:
- las luces parecían muchísimo más intensas, como si de pronto hubieran subido el brillo de la vida al 200%
- tenía como un pequeño delay al moverme o al cambiar la perspectiva, como si mi cerebro llegara medio segundo después que mis ojos
- y todo iba como a cámara lenta, pero no en plan agobiante, sino bastante tranquilo, bastante chill
Eso sí, lo curioso es que, pese a ir un poco en modo NPC premium, podía hacer perfectamente todas mis funciones vitales. Andar, hablar, pensar, existir en sociedad, todo correcto. No estaba yo tirado en el suelo descubriendo los secretos del mercurio rojo ni intentando comunicarme con los ummitas de la cuarta dimensión. De hecho, el Chulin debía esperar que me convirtiera en el loco del fornite y al final me quedé con Cusa con dos 2L de cerveza en sangre.
Así que nada, con el porillo ya asentado en nuestros pulmones, nos pusimos a ver un episodio de El joven Sheldon. Dos notas recién fumados viendo al niño nerdi y luego, a dormir como dos marqueses del Ingreso Mínimo Vital. Una escena de una decadencia tranquila, de una paz rara, de una Europa que aún merece ser salvada.
Día 2
Un nuevo día, una nueva aventura
Nos levantamos con los rayos del sol dándonos en toda la cara a las 8:30 de la mañana, en plan despertar bucólico, como si fuéramos pastores de la serie Heidi en vez de dos notas que se habían pimplado unos verdes la noche anterior. Nos duchamos y nos fuimos al Lidl a por el desayuno. Punto curioso: en Holanda casi todo abre los domingos. Capitalismo sin control, para que 2 reventados se puedan comprar su desayuno en el día del Señor.

Para desayunar pillamos unas ensaimadas con crema de avellana por dentro, que estaban bastante buenas. Marranada dulce, de esa que entra de lujo y luego te deja las tripas bailando el aserejé. Ahí me di cuenta de que a Chulin es un fan de la diabetis tipo 2, le encantan los dulzajos; hasta un punto que no es ni medio normal. El tío me contó que se había ventilado como cuatro paquetes de magdalenas “red velvet” en una semana. CUATRO (4) paquetes de SEIS (6) MADALENAS. En SIETE (7) días. Realmente para J son números de principiante pero para mi son números de un ayatolá del azúcar.
Después del desayuno, pues nada, nos fumamos otro porrillo, porque ya puestos, pues le damos. Y otra vez igual: tampoco me afectó demasiado. Yo ya empezaba a pensar que o bien tengo la tolerancia de un niño congoleño en una mina de cobalto, o bien el material que tenía Chulin no valía ni pa hacer sopaipas.
Camino al centro
Luego fuimos para el centro de Eindhoven, y aquí viene uno de los momentos más críticos de toda la expedición: teníamos que ir en bici. La cuestión es que sólo tenía una bici, y yo iba montado en una especie de montacargas de la rueda delantera, ahí agarrado como podía.
Ya había ido así el primer día, pero emporrado es una movie (como diría Chulin) completamente distinta. Inexplicablemente le dí chance a Chulin. No pasó nada, gracias al de Arriba, pero perfectamente podría haber acabado yo en un canal o empotrado contra una farola holandesa.
En el centro
Llegamos al centro y fuimos a comer a un sitio de burgers. Me costó 14,5 euros la burger con patatas y bebida, que sinceramente no lo vi ninguna barbaridad. Tal y como está el mundo, casi me pareció hasta razonable. He visto clavadas más gordas por menos comida y más desprecio. El camarero cumplía 100% el fenotipo de colgao que regenta un local de smash burgers, también es de reseñar que su nivel de pachama era impresionante.
Después nos metimos en el museo de Philips. Y aquí hablando en plata: es malo, pero malo de cojones. Una cosa desangelada, sin alma, sin duende, sin nada de valor: sólo texto, muuuucho texto. No merece absolutamente la pena ir. Vamos, que si me dicen que era una exposición temporal montada por tres becarios de la UCO, me lo creo. Más emoción tiene mirar el folleto de una lavadora.
Qué hago con mi vida
Más tarde fuimos a un coffee shop y cayó otro más, jijijija, pero esta vez lo compramos allí mismo en la tienda. Ese no pegaba casi nada, tenía menos fuerza que un pedo de un maricón.
Después fuimos a cenar a un sitio de burritos. No me acuerdo cuánto me costó, señal de que no me dolió demasiado o de que mi cerebro ya iba como el Windows 11 cuando abres más de 3 pestañas, pero el burrito estaba bien, sin más. Cumplidor. Entró, alimentó y adelante. Tampoco era el banquete del Rey Arturo, pero hizo el apaño.
Y el resto del tiempo, pues deambulando, básicamente. Porque esa es la verdad desnuda y sin maquillaje: no sabíamos qué coño hacer en esa fucking ciudad. Como sitio en teoría debería tener cosas, pero luego te ves dando vueltas como dos NPCs desbloqueados sin misión principal. Mucho paseo, mucha calle, mucha bici, pero plan como tal… regulinchi.
Realmente fue más culpa de Chulin, que va a sota, caballo y rey. La sota son porros, el caballo son porros y el rey son más porros, pero bueno.
Despedida
Al final cogí el tren de vuelta a casa y me piré. Y aquí me hallo, escribiendo esto medio emporrado todavía, con esa sensación extraña de estar funcional pero más fuera de mí que dentro. Bastante loco, la verdad. No loco de camisa de fuerza, pero sí en ese punto en el que te notas que la mente va 2 compases por detrás del cuerpo.
Conclusión
Si consumes marihuana con regularidad eres GILIPOLLAS. ¿Quién cojones decide, por voluntad propia, nerfearse la cabeza? Es que no tiene ni épica ni estilo ni nada. Y para rematar, ni siquiera da placer de verdad: solo te deja medio tonto.
A mí me ha parecido una cosa bastante parecida al alcohol, pero sin lo bueno del alcohol. Porque el alcohol es mierda pero al menos tiene un componente social, una chispa, un subidón, jarana, libertad sin ira, libertad: te recuerda que estás vivo.
La marihuana te vuelve subnormal y ya.
En fin, eso era todo, figuras. A vivir, que son dos días